Saturday, October 25, 2008

Intervención en Hospital Van Buren

Si pensamos el concepto de lugar tomando como base un hospital, existen varios elementos que debieran caracterizarlo, entre ellos 2 que me parecen particularmente interesantes; la idea del silencio y de la asepsia, estos dos conceptos están fuertemente relacionados, ya que la asepsia según la RAE corresponde a: 1. f. Med. Ausencia de materia séptica, estado libre de infección. Asimismo el concepto de silencio está definido como: 2. m. Falta de ruido. Es decir ambos conceptos aluden a una falta y/o ausencia de algo y esa ausencia se representa en el caso de la asepsia por el color blanco y en el caso del silencio por la simulación de la ausencia de ruido, puesto que el silencio no existe, entonces ¿en qué consiste el silencio? Una respuesta podría ser que consiste en la operación de marginar de mi escucha ciertos ruidos para escuchar los sonidos que no me parezcan molestos, es decir algo así como hacer una limpieza dentro de mi campo auditivo. Podríamos pensar entonces que el silencio corresponde a una asepsia auditiva.
En base a esto es que decido tomar 2 sonidos que representan a Valparaíso en 2 aspectos distintos; la escalera como el aspecto urbano y el mar en su aspecto natural. La idea es silenciar este pasillo y limpiarlo trayendo 2 sonidos que si bien son propios de Valparaíso, no lo son del hospital, de hecho representarían de alguna manera aquello de lo que están privados los pacientes del hospital, es decir aquello que está afuera.
Este trabajo se desarrolló en el Hospital Van Buren de Valparaíso en octubre de 2008 en el marco del encuentro de arte sonoro Tsonami 2008.

video

http://www.youtube.com/watch?v=gBr2cQQ3zP0

Este video es solo una aproximación, pronto subiré más videos y entrevistas a funcionarios del hospital.

Thursday, May 29, 2008

En este país...

En este país el ruido se usa para amedrentar y digo en este país y no en el mundo porque hablo desde la experiencia.

En este país el ruido es sinónimo de poder, la voz más alta es la que se respeta más.

En este país un ruido no existe, porque existe el ruido universal.

En este país el ruido es sinónimo de sonido, porque nadie se detiene a mirar.

En este país el ruido se ha usado como protesta, pero es justamente eso, el ruido, lo que la ha hecho fracasar...

Porque en este país la gente le cree al ruido que hace la tele cuando cuenta su verdad.

Porque en este país la gente hace ruido para molestar y discriminar.

Porque en este país hay tanto ruido que se ha vuelto un silencio en el que nadie oye nada.

En este país llamado Santiago el ruido se usa para amedrentar.

Wednesday, April 16, 2008

REGISTROS

Breve registro "Espacio Transitorio", proyecto para el ex Hospital San José-Santiago de Chile 2003

video

Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=fHOICfZdVWo

"Acontecimiento", proyecto para casa abandonada coro U. de Chile -Santiago de Chile 2001

video

Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=l-Y2SLYFx0o

Registro "Zona Invisible", proyecto MUNAB- Santiago de Chile 2005

video

Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=i3aMDXBlLXM

Monday, June 25, 2007

"ZONA INVSIBLE" Museo Nacional de Bellas Artes 2005



EL SONIDO EN SU LUGAR

¿Cómo podría el sonido darme una experiencia de lugar?¿ Será esto posible?

Pues bien, eso es lo que de una u otra manera he intentado trabajar en mi obra, puesto que tomo el sonido como un material de trabajo que está disponible para operar con él.

Sin embargo estas operaciones no se desarrollan "en el vacío" o algo así, sino que requieren de un lugar en el cual son, en primera instancia, propagados, y en segundo término "contemplados".

Ahora bien, esta contemplación de la que hablo, sería doble, puesto que contemplamos el o los sonidos que se reproducen y contemplamos al lugar como tal, en tanto espacio, en tanto arquitectura e historia...

En el caso de Zona Invisible, proyecto desarrollado en el 2005 para Museo Nacional de Bellas Artes, se intervinieron 2 pilares, en los cuales se situaron 2 parlantes que emitían el sonido de derrumbe y construcción alternadamente. Los sonidos fuero dados por la condición en que se encontraba el Museo de Arte Contemporáneo (que está unido a este otro por la espalda, cual hermano siames), ya que estaba siendo reconstruído, restaurado. Es decir, se encontraba en un estado de indeterminación, igual que el lugar escogido; un umbral, pues éste no es un espacio determinado, en cierta forma podríamos decir que nisiquiera es un lugar.




Tuesday, July 18, 2006

ARTE SONORO

El ejercicio sonoro visual
El trabajo que realizo busca principalmente indagar en el espacio sonoro. Desde el 2001 he trabajado constantemente la problemática del sonido en las Artes Visuales; práctica que se conoce con el nombre de Arte Sonoro.Desde entonces hasta ahora mi trabajo se ha ido definiendo y conformando de distinta manera a lo largo del proceso creativo y ha ido apuntando a distintos ámbitos, perfilándose cada vez más hacia un cierto estado inmaterial. En un comienzo cada ejercicio se constituía a partir no sólo del sonido, sino también de la objetualidad, que estaba dada por la exhibición de los mecanismos que producen y/o reproducen el sonido, con la fascinación que estos pueden provocarnos como pseudo fetiches, es decir la obra se constituía de suyo como visible. Sin embargo poco a poco los trabajos se han conformado respondiendo más bien a un concepto de visualidad más que al de visibilidad. Es decir, ya no importa el objeto que reproduce el sonido como aquello que hay que contemplar, sino que el sonido es el objeto de contemplación.Ahora bien, para que esto funcione de tal manera el concepto de lugar también ha sido determinante, puesto que se ha trabajado respecto de él para elegir y ubicar los sonidos en el espacio, tomando en cuenta el contexto y la arquitectura del lugar, estableciendo así también una relación con el concepto de escultura desarrollado por Rosalind Krauss, cuando amplía la visión de éste campo al hablar de no-paisaje y no-arquitectura, y el concepto de espacio que aborda Heidegger y Marc Augé. De esta manera también lo que hay para ver es éste lugar donde el sonido está siendo propagado, transfigurando a su vez al lugar y a sí mismo.Es decir, mi ejercicio artístico se plantea desde la plataforma del arte sonoro, trabajando a partir de la ampliación al mundo de los ruidos hecha por Russolo, Fluxus y John Cage, entre otros, descalzándose a su vez de éstos y vinculándolos con conceptos y/o preceptos escultóricos y arquitectónicos. Además siempre he trabajado a partir de los sonidos del entorno, del paisaje sonoro, es decir todo se inicia a partir de la observación sonora y se trabaja a través de procesos de sostenimiento, repetición y edición de sonido.En este blogg podrá observarse tode este proceso a través de imagenes, sonidos y textos que conforman los distintos proyectos que he desarrollado.

PAGINAS PARA CONOCER MI TRABAJO

http://www.artesalon.uchile.cl/aestrada.html


http://www.mac.uchile.cl/exposiciones/intervencion04-03/index.html

http://www.culturalbancoestado.cl/galeriabech/2005/expo_10_2005.php

http://www.portaldearte.cl/agenda/expo_anteriores/instalacion/2005/ana_maria.htm


http://www.aparte.cl/estrada.html

TERRITORIO SONORO /Galería Metropolitana/ octubre 2004

La obra de arte en tanto objeto dialogante y discursivo se proyecta hacia una recepción tipo; supone desde su gestación una experiencia que hace del espectador un cierre de esta misma, elevando y ampliando las premisas originales en torno a las cuales la obra fue desarrollada y expuesta: posee un relato propio que anhela proyectarse y legitimarse desde el momento de su consumación, previa noción primera. Es por ende que al enfrentarnos a la obra participamos de ella de manera fundamental aun asumiendo una actitud pasiva, como lectores u observadores de un fenómeno que se realiza en y desde ese instante. De ahí entonces que la presencia de una obra, la elección del sitio del suceso, no es gratuita en vistas de las necesidades de ese relato de ser visto: posicionar a la obra y su relato debe por tanto satisfacer las cualidades estéticas propias del objeto artístico en cuanto experiencia a la vez que debe hacerse cargo de rearticular las diversas significaciones que ocurren dentro de dicho relato. Por esta razón, el ejercicio curatorial requiere de un conocimiento amplio de la obra y su puesta en escena pues merced de su correcta ubicación la obra podrá llevar a cabo su cometido de manera efectiva.
La labor curatorial vincula a la obra en un radio de acción más amplio y también más específico dando realce a cualidades que considera trascendentes en virtud de las estéticas. Aun así, con independencia de cuales sean los atributos más sobresalientes, el valor de la curatoría consistiría en otorgarle a la obra la capacidad de experimentarse desde si misma como su propio relato, amplificado a partir de plataformas exhibitivas que reposicionan los discursos inscritos de la génesis de la obra en adelante; la obra curada es Una subrayada dispuesta a ser experimentada desde ángulos escogidos.
En relación a esta no gratuidad de la obra, su relato y lugar de exposición es que el proyecto “Territorio Sonoro” fue desde un comienzo pensado como una obra particular que se nutría de los rasgos y coordenadas de la vecindad de P.A.C. en torno a Galería Metropolitana, tomando a su vez en consideración las características propias de la galería así como su historia. Esta situación planteó ya al comienzo la dificultad de hacer coincidir la obra de Ana María Estrada – minimalista y sonora – con la apropiación del espacio de Gal. Met., habitualmente expansivo en su acción y discurso. Como se requería interpelar al barrio con una propuesta artística crítica y visualmente significativa, hubo que ampliar el espectro meramente sonoro a uno que hiciera referencia al lugar y a la obra de la artista, como una superficie de contacto, tipificada en la obra tipo o proyecto “Territorio Sonoro”.
Haciendo un recorrido por el lugar pudo hacerse visible la posibilidad de generar a partir de la noción de habitar, dado que una notable característica del lugar son sus casas readecuadas para distintas labores (talleres, peluquerías, bazares, etc.), una especie de casas +, donde Galería Metropolitana vendría a ser la casa-galería o espacio de arte. Otro hecho importante era la ubicación de la galería en la calle Félix Mendelssohn, que por el hecho de ser el nombre de un famoso compositor, indicaba una línea a seguir respecto de la relación alta cultura-cultura popular y arte-historia-sonido. Con estos parámetros la obra sonora de la artista debió hacerse más visual y más discursiva: se utilizó el nombre de la calle, para hacer referencia a la relación cultural mencionada anteriormente, dando énfasis a que los vecinos dimensionasen la existencia del lugar en que habitan, en virtud de la obra que rescata la figura histórica legítima de trascendencia sonora, mediante una melodía del compositor que es repetida dentro de la Galería durante toda la exposición. En relación a la singularidad del habitar, se decidió fabricar una jaula a escala del espacio de exhibición (1mt.5cm.x40cm.x40cm.) con canarios vivos, suspendida de otra (2mts.10cm.x80cm.x80cm.) a manera de cerco – sin cielo ni piso -, a su vez suspendida del cielo de la galería, para resaltar la simultaneidad de acciones que ocurren en un mismo espacio, trastocando la relación interior-exterior para dejar en claro la neta condición de convivencia y vecindad que la galería manifiesta. La utilización de pájaros, permite a su vez reiterar la condición de lo vivo, cercano, como objeto de exhibición, en relación al uso decorativo-utilitario que estos tienen por su condición de cantar, condición misma que es aprovechada por la artista para instalarse como eslabón visual dentro de la obra sonora suya. Finalmente la puesta de una radio a pilas, modelo tradicional-antiguo en el baño, habla de la gran cantidad de sonidos que ocurren en el sector, no permitiendo una clara distinción de espacios sonoros y auditivos definidos, y así como con los espacios habitables, así ocurre con éstos; es por esa razón que la radio sintoniza noticias (referencia a lo interior, cotidiano y popular) mientras interfiere la melodía de Mendelssohn. A este escenario dispuesto Gal. Met. otorgó nuevas directrices al intervenir su espacio de exhibición con dos obras- incluida “Territorio Sonoro”- más una tercera, en la calle misma, situación que reelaboró la visualidad del evento potenciando los discursos urbe-periferia de claro interés para ella.
Con esta plataforma, precisada por la ubicación de Gal. Met. como espacio de exhibición en permanente cuestionamiento de la institucionalidad del arte, y cómo casa-galería, “T.S.” se acerca también a una condición inclusiva propia del material con el que labora: el sonido. Una noción fundamental del acontecer bastase en el sonido al momento de presentarse; como un evento sin restricciones el sonido es captado por todos, independiente de la materialidad que lo provoca, asumiendo distintos códigos en un mismo lenguaje, que sin embargo puede ser modulado en claves que lo acercan a la cotidianeidad. El sonido como intérprete de la existencia diaria en la periferia, en su polifonía, hibridaje y situación, traducido a una visualidad proveniente de las artes plásticas, admite a partir de sí diversas voces que son reasignadas a un solo discurso. El evento sonoro que aquí acontece utiliza la galería como caja de resonancia para no solo hacer actuar al sonido sino también para que las particularidades, las coordenadas del sitio del suceso sean amplificadas desde su mismo discurso.
“Territorio Sonoro” apela por lo tanto al valor del sonido como herramienta de conocimiento de
la experiencia estética a la vez que cuestiona la producción artística acerca de su realidad en relación a su recepción y trascendencia.
Andrés Grillo Cuello.







Monday, July 17, 2006

INTERVENCION ( ) Museo de Arte Contemporáneo/14 abril 2003


(Un sentido para lo efímero)

Los trabajos presentados en "( )" de modo transitorio -únicamente el anochecer del 14 de abril del presente año-, identificando el tiempo de la inauguración con el de exposición (y clausura), ponen sobre el ámbito de la plástica chilena contemporánea nuevamente, como nota más evidente dentro de la complejidad a que dan a lugar estas obras, la cuestión sobre el sentido de lo efímero. Si pensamos que la producción actual "deudora" de las innovaciones formales introducidas en Chile por la Avanzada se ha inclinado, sobre todo en los '90s, preferentemente por la objetualidad -entendida en su sentido primario de "presentación" de un trozo de lo real- o la instalación, en sus variadas versiones, será más perceptible en este grupo de artistas el grado mayor de radicalidad respecto de este aspecto en particular. Y no es posible desligar este carácter estructural del hecho de haber pensado las obras en relación con el lugar, en este caso, definición que apela tanto a lo físico como a lo institucional.
Haber planteado el problema del uso del MAC en su tiempo y espacio "sobrantes" connota la dificultad de la propia inscripción de las obras, en primer lugar. Por ejemplo, en el caso particular de la proyección planificada por Walter Villar -una diapositiva del diploma de su grado de licenciado-, éste se atuvo a la disponibilidad de muros que el cambio de montajes -en este periodo era el paso de la primera a la segunda parte de Cambio de Aceite- dejaba para libre uso en la fecha también disponible en que "( )" podría llevarse a cabo. Esta precariedad del montaje supone una noción del propio lugar de los artistas dentro del circuito artístico. De ahí que su auto comprensión como artistas emergentes implique casi literalmente entenderlos como artistas de emergencia.
Sobre el trabajo recién mencionado, vale la pena apuntar el efecto grandilocuente de la proyección, del tamaño de un mural. En este sentido, la obra se emparenta -manteniendo las distancias por cierto- con el uso de los grandes formatos en las poéticas de lo sublime que pueden rastrearse desde el Romanticismo hasta, inclusive, la obra de un Rothko, quien buscaba así conducir la contemplación del espectador hacia experiencias exploradas por el entonces en boga budismo zen. Pero en el caso que nos ocupa, pareciera ser que esa "sublimidad" tiene un carácter más bien pagano y asociado directamente a la monumentalidad del lugar: el museo. Y no cualquiera, sino el MAC, lo que en buenas cuentas condiciona, a partir de las cualidades del montaje, la relación de la obra con el aura de una institución que nunca ha estado totalmente ajena a la precariedad dentro del sistema.
En el caso de Ana María Estrada, la relación con el lugar pone directamente en juego la intervención del espectador, haciéndolo (co)autor de los sonidos que emergen desde los parlantes de la puerta de acceso. Éstos, conectados a unos micrófonos ubicados sobre los paneles de exhibición del hall -flanqueando el muro de la proyección de la obra anterior-, registran cada ruido producto de movimientos y conversaciones de los asistentes que rondan en sus cercanías. Esta apertura de la obra a una participación activa vuelve ilusoria cualquier tentativa taxativa de autoría, tanto de Ana María como de los "productores" de ruido, desde el momento en que no queda registro de la intervención. Por tanto, su fugacidad mantendrá en permanente e irresuelta tensión esta relación entre lo que emite versus lo que recibe, y desde allí condiciona la inscripción misma de la obra, al menos de modo convencional, en el circuito.
Para Juan Luis Valdés, no puede soslayarse la proximidad -cuando no la identificación, rastreable con especial nitidez desde la vanguardia histórica- del monumento y la ruina entre sí. De hecho, su trabajo se instala en el ingreso a las bodegas del MAC, donde descansa gran parte de la colección que constituye el patrimonio cultural de este museo. La situación de acumulación entre "cachivaches" y "obras de arte", en una estructura apenas adecuada para la conservación, es tematizada desde la grabación en video del montaje mismo: el autor acarreando cajones y despojos de tablas u otros objetos, en una proyección que gira sobre sí tanto por la repetición de la filmación, una y otra vez, como por la prolongación de dicha condición desmedrada en el tiempo.
La propuesta de Katerina Gutiérrez dibuja la interacción de medios desde su carácter performativo. En este sentido, la circulación de garzones (as) con bandejas de frutas, dispuestas en composiciones decorativas para su consumo, por una parte hace literal su consumo de arte a la vez que establece el papel que "el cóctel" cumple en las inauguraciones, como parte socializante de una instancia de promoción. Sin embargo, al convertir al espectador en partícipe inconsciente -al menos en un primer momento-, éste se vuelve cómplice y coautor del montaje en el entendido que el término de la obra coincide con el fin de los alimentos y su digestión (¿Será así que se consume en general hoy el arte contemporáneo?). Los despojos de la acción, en la sala que sirvió de "cocina", fueron expuestos al público una vez finalizada la intervención.
Sin duda que si lo hubiesen querido, los autores de la muestra perfectamente habrían capeado su condición de emergentes constituyéndose un modo más convencional de ingreso al circuito, por la puerta ancha. Pero no. De algún modo, lo que los autores comparten más o menos conscientemente es un deseo de relativizar esa inscripción dentro del margen de libertad a que se puede aspirar, entendiéndola como un proceso inevitable. El MAC se presenta así como el umbral por antonomasia dada su formación al interior de la Universidad de Chile. Pero eso no es todo. Inscribirse a contrapelo de la situación dada implica un grado de resistencia respecto del circuito establecido. Y ella, subyaciendo al aparente formalismo de los trabajos presentados, sí puede entenderse en términos políticos, dado el actual conformismo del arte joven contemporáneo por seguir derroteros más o menos consolodados.

Luis Cortés Cuevas.